(No sólo) un lugar para trabajar

Cuando decidí emprender un negocio de consultoría apoyándome para su promoción principalmente en Internet y redes sociales, no pensé que llegara a ser tan importante para mí el disponer de un entorno físico de trabajo definido. Como buena parte de los emprendedores y freelance, comencé trabajando desde casa. No es extraño: ahorras tiempo y dinero en transporte, evitas pagar un alquiler y otros costes fijos de explotación, etc. Pero, lo que no se me ocurrió entonces era lo que potencialmente estaba perdiendo con esa decisión. ¿Te has parado a pensarlo?

En primer lugar, la Red no llega a todas partes. Y no, no me refiero a la capacidad técnica de comunicación, sino a que sigue existiendo un mundo real donde la gente camina, coge el autobús, va de compras… Un mundo que está pasando fuera de las paredes de tu casa y del cable que te mantiene conectado a Internet todo el día. Renunciar a respirar el ritmo de la calle real, a tomarle el pulso a una ciudad como Madrid, es imperdonable. Cada día, cuando subo en el metro para ir a trabajar, intento capturar un pedacito de las vidas de toda esa gente con la me cruzo; me siento al mismo tiempo parte de una gran red en la que todos estamos conectados de algún modo, una red donde las miradas y la presencia sustituyen a los “like” y a los “rt”. ¿Por qué elegir sólo uno de los dos mundos si puedo tener los dos, real y virtual?

Pero además, el mundo real tiene tantas posibilidades para aprender de él como el mundo virtual, distintas puede ser pero ricas igualmente. En Integra Coworking comparto espacio y tiempo con mucha gente interesante, profesionales de la economía del conocimiento como yo que sin embargo nada tienen que ver conmigo. Tan interesante me resulta cuando Eva me explica cómo es su profesión de coach, como cuando Manuel habla del último programa que está desarrollando, o Sofía cierra los términos de un contrato con uno de sus inquilinos. Somos todos diferentes pero todos compartimos una forma de trabajar, un estilo de vida, autónomos pero no aislados, freelance pero no solitarios.

Y qué decir que relacionarte con tanta gente diferente abre oportunidades también para tu negocio. Lo primero porque nunca podrás pagar con dinero la promoción que esos buenos compañeros coworkers harán de ti allá por donde vayan; pero también porque de esas conversaciones, de los encuentros y las presentaciones, surgen ideas que pueden acabar convirtiéndose en fuentes de ingresos para ti, de una u otra manera. Un espacio donde se respira creación es un nicho inagotable de nuevos proyectos.

Por supuesto, de este tiempo y este espacio compartidos surge la riqueza más importante: la de las relaciones personales. No es lo mismo tomar un café de pie sobre la mesa de la cocina de tu casa que charlar mientras tomas un café con uno de tus compañeros. En un caso tomas café, en el otro interactúas con otro ser humano que tiene inquietudes y preocupaciones parecidas a las tuyas, que te devuelve una sonrisa amable o una mirada cómplice (y además, tomas el café, claro).

A Integra Coworking no llegué buscando amigos: a mis cuarenta años casi todas las relaciones sólidas de mi vida ya están más bien consolidadas, más o menos como nos pasa a todos. Me atrajo un espacio físicamente bonito y ordenado, con luz y agradable, bien comunicado también. Me sedujo la gente que encontré: ya madurita como yo pero juvenil y abierta, también la cercanía de María Jesús, nuestra anfitriona. Pero lo que me convenció definitivamente y sigue siendo el motivo por el que cada mañana vengo feliz a trabajar es ese espíritu de colaboración que se presiente por todas partes, esas ganas de ayudarnos y de cuidarnos, desde Julián cuando te da los buenos días en la recepción hasta el coworker que se sienta en la mesa más alejada y que levanta su mano y su sonrisa para saludarte cuando entras, aunque no llegue a quitarse los auriculares.

En Integra Coworking nos damos cita cada día un puñado de emprendedores en pleno proceso de reinvención profesional; con largas trayectorias laborales a nuestras espaldas y con la experiencia de saber lo que es un trabajo por cuenta ajena, con sus luces y sus sombras; con buenas reservas de perseverancia y sosiego, pero con todo el impulso del mundo para levantar nuestros proyectos; con compromiso hacia nuestros negocios individuales, pero con empatía y solidaridad para tendernos una mano cuando es necesario.

Comentamos a veces entre los coworkers que estamos seguros que el futuro del trabajo pasa por algo como esto. En una sociedad y un medio individualistas nosotros hemos aprendido a desenvolvernos pero recogiendo como principio la filosofía de la colaboración. Si ese es el tiempo que viene, Integra Coworking es un trocito de futuro del que estamos encantados de formar parte en el presente.

Marina Fernández Arroyo

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